Un extracto de
EL CORAZÓN DEL ASUNTO
Amor,
Información y
Análisis Transaccional
Claude M. Steiner PhD
Editorial Jeder
[ jeder: uno
cualquiera ]
Sevilla - España
Título
original:
THE
HEART OF THE MATTER
©
Autor: Claude M. Steiner, PhD
© Traducción:
Susana Arjona Murube
Agustín
Devós Cerezo
Jesús
Laguna Gómez
Francisco
José Navarro Molina
Enrique Sánchez
Arredondo
Alejandro
Vélez Arana
© De
esta edición: Editorial Jeder
Colección:
Análisis Transaccional
Maquetación:
Editorial Jeder
Diseño
e ilustración de cubierta: 3dearte.com
Comunicación
y prensa: Editorial Jeder
Edición
no venal. Prohibida su venta.
Este
extracto es de libre circulación. Puede hacer cuantas copias quiera o en-viarlo
a quien desee. La única restricción se refiere a la integridad del texto. Ha
de ser respetado tal cual está y no se autoriza a ningún tipo de modificación.
Esta
edición es nuestra pequeña contribución para la celebración del Congreso
de ITAA celebrado en Lima (Perú) en agosto de 2.009. Con “nuestra” nos
refe-rimos a la contribución de todas las personas que han colaborado para
que usted tenga este documento en sus manos. Es fruto del trabajo del autor,
el prologuis-ta, el equipo de traducción, asociaciones como APDEH, ATA, ACAT
y AES-PAT, libreros amigos y otras personas que a título particular y de
manera desinte-resada han hecho posible este trabajo con sus consejos,
sugerencias y esfuerzo.
Queremos
señalar que este avance del próximo libro está aún pendiente de co-rregir,
y por ello les pedimos disculpas por los errores que se nos han deslizado.
Editorial
Jeder es una marca registrada de
Gisper Andalucía, S.L.
© Gisper
Andalucía, S.L.
C/
Fernando IV, 7
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Sevilla
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4
PRÓLOGO POR TERRY BERNE
Siempre
he pensado que los objetivos del Análisis Transaccional implican
necesariamente una visión más allá del bienestar personal o de la búsqueda
del mismo. En su forma más elemental, el con-cepto de transacción implica un
encuentro entre dos personas, ma-nifestado mediante un diálogo de complejidad
variable que frecuen-temente está gobernado por motivos ulteriores explícitos
o implíci-tos. No obstante, en la práctica este paradigma básico se
extiende a todo el círculo de los contactos activos de un individuo y sus
tratos cotidianos por el ancho mundo, incluyendo familia, amigos, cono-cidos y
compañeros de trabajo, y por tanto se expande inevitable-mente más allá del
círculo social más íntimo del individuo. De hecho, la sociedad se define
por la totalidad colectiva de esas inter-acciones diarias, que difieren en
cierta medida según las tradiciones, las convenciones sociales y creencias,
diferentes en mayor o menor medida según cada cultura.
Me
cuento entre aquellos que creen que lo personal y lo social se entrecruzan
inevitablemente, y que el verdadero fundamento del Análisis Transaccional es
un reconocimiento de ese hecho, incluso aunque el foco fundamental está en
las actitudes y conductas indi-viduales con respecto a sus encuentros sociales
más inmediatos. Si de alguna manera la salud mental busca o persigue la
integración social, entonces no se puede evitar ni ignorar una consciencia de
las cuestiones principales sobre lo que constituye una sociedad sana.
Creo que el AT, al igual que otros métodos
terapéuticos, debe evolucionar necesariamente hacia nociones que afronten de
manera activa los efectos e influencias que nuestro mundo, cada vez más
interconectado y saturado de información, está indudablemente ejerciendo en
nuestra psicología colectiva. La psicología es tanto un intento antiguo como
—en su más empírica y moderna metamor-fosis— una manera asombrosamente
reciente de describir y desen-trañar las relaciones humanas —trágicas,
absurdas, conmovedores y a veces también inspiradoras— con el mundo que nos
rodea y es-pecialmente con otros humanos. ¿Es simplemente irónico, y quizá
un signo vacilante mas no fatídico de ajuste a realidades globales, que
mientras el mundo se hace cada vez más pequeño, sólo se vean aumentadas la
violencia, el hambre, las luchas étnicas y la guerra?, ¿o, como sospecho,
esto es un síntoma aún más profundo y fatídi-co de las incapacidades
humanas?
Como Claude Steiner señala en este libro
con tanta urgencia, la más obvia —pero también la más obviada— de las
soluciones po-sibles que tenemos a nuestra disposición, el amor, resulta una
emo-ción despreciada y en peligro de extinción. Como él mismo indica, «…están
proliferando los patrones culturales del cinismo y la sole-dad, y se están
situando como obstáculos para nuestras capacidades y habilidades para amar».
El amor conlleva el desarrollo de muchas
de nuestras aptitudes más valiosas ya que demanda comprensión, inteligencia,
empatía y sobre todo honestidad. Como Steiner afirma más adelante, «El
amor es una fuerza para la acción colectiva en nombre de la libertad y del
poder de las personas». Y es el amor lo que debemos cuidar y fomentar a
toda costa. Es cuestión de vida o muerte.
Terry Berne, Mayo de 2009
INTRODUCCIÓN
Afirmaría que, a lo largo de una vida
larga y colorida, mi propó-sito ha sido ser útil para que las personas
desarrollen y disfruten la plenitud de sus poderes mediante el uso de las
herramientas del análisis transaccional. Es
imposible desarrollar el potencial propio en el vacío; para crecer con fuerza
necesitamos que otros lo hagan con nosotros. En consecuencia, de la misma
manera me he envuel-to en el desarrollo de sistemas para crear y mantener las
redes so-ciales y cooperativas que den poder a todas las personas para que
logren su potencial.
Mi
convencimiento ha sido que durante milenios los seres humanos hemos vivido
bajo la dominación ininterrumpida de un orden social opresivo. Este sistema
es el descendiente «civilizado» de la estructura social de los simios, el
orden jerárquico mediante el que se organizan los grupos de primates, una
forma social de orga-nización profundamente territorial y estratificada. Esta
anciana es-tructura de poder explota a la mayoría de seres humanos en
benefi-cio de una élite minoritaria de hombres poderosos y de su escogida
descendencia, dejando para el resto una lucha por la mera supervi-vencia.
Este
esquema —el Patriarcado— que ha minado el potencial co-lectivo de la
humanidad no ha tenido alternativa hasta el adveni-miento de la democracia.
Desde que emergieron las primeras for-mas imperfectas de democracia, el
principio de que todo el mundo nace con iguales derechos, especialmente el
derecho a desarrollar libremente su potencial, ha ganado cada vez más
vigencia. Aun imperfecta
tal y como es la democracia en su estado presente, es el mejor sistema que
poseemos para permitir a cada persona tener la oportunidad de desarrollarse
plenamente. Este es el marco históri-co para las ideas que ofrezco aquí,
ideas que pretenden ayudar a la gente en su labor de realización personal.
Soy
un ferviente analista transaccional con devoción por el estu-dio y desarrollo
del análisis transaccional. El análisis transaccional lo creó Eric Berne en
los años cincuenta, y disfrutó de gran reco-nocimiento y popularidad en los
Estados Unidos en los setenta. En todos esos años desde sus inicios, y
mientras palidecía en los Esta-dos Unidos, ha crecido y se ha convertido en
un movimiento global y es muchas cosas para mucha gente. No obstante hay un
denomi-nador común que caracteriza al análisis transaccional por todo el
mundo; la creencia de que al nacer todos estamos bien y el hecho de que ofrece
las herramientas necesarias para completar el poten-cial de crecimiento de las
personas, su bienestar y su plena expre-sión personal.
Miles
de millones de personas por todo el mundo claman por la libertad y millones
están activamente implicados en traerla bajo multitud de formas. Como mi
contribución, espero aclarar la natu-raleza y promover el desarrollo de las
relaciones personales demo-cráticas.
Mi
deseo es contribuir a esta búsqueda proporcionando las herramientas prácticas
y necesarias, centradas en el amor, para pro-gresar en la cooperación democrática
y en la libertad en nivel de pequeños grupos y en las relaciones de persona a
persona. Para esta tarea propongo usar las herramientas del análisis
transaccional, am-pliadas por las capacidades que se están desarrollando en
la era de la información.
Baso
mi trabajo en ciertas ideas seleccionadas del pensamiento de Berne. Están en
cursiva sus propias y a veces chifladas palabras, que ponía por escrito de
vez en cuando, pero que impartía verbal-mente a mí y a sus colegas:
a.
La gente tiene tres estados del yo distintos a su disposición —Padre,
Adulto y Niño— todos ellos capaces de funciones específi-cas y valiosas. «Todo
el mundo es tres personas».
b.
Todo el mundo tiene un estado del yo objetivo, procesador de la información,
que resuelve problemas –el Adulto– capaz de ser desarrollado y mejorado. «El
Adulto es una computadora humana. Cuando tengas problemas ¡piensa!».
c.
Toda persona nace con capacidad para la espontaneidad, la consciencia y la
intimidad inherentes al estado del yo Niño: «La posición universal es:
‘Yo estoy bien /Tú estás bien’», «El Niño es la mejor parte de
la personalidad».
d.
El estado del yo Padre es el recipiente de la tradición prejui-ciosa y tiene
dos encarnaciones posibles: el Padre Nutricio y el Pa-dre Crítico.
e.
Las personas viven sus vidas según guiones limitadores deci-didos en su
infancia sobre la base de influencias externas sobre la persona joven. «La
gente nace príncipe o princesa hasta que sus padres los convierten en ranas».
f.
Las caricias, la unidad social de reconocimiento, son esenciales para la
supervivencia. «Si no te acarician se te secará la médula».
g.
La gente está obligada por sus guiones a jugar juegos psicoló-gicos para, en
parte, conseguir las caricias necesarias. «Los juegos sustituyen a la
intimidad».
h.
Las decisiones tempranas del guión se pueden revocar. «Pue-des cerrar el telón
y poner en escena una obra mejor; los guiones se pueden redecidir».
i.
El análisis transaccional es un método para aportar el cambio deseado
mediante el uso del Adulto. «Haz contratos», «Consigue el control
Adulto», «¡Cura a la gente!».
j.
Para aportar el cambio, el análisis transaccional habla y escribe en un
lenguaje comprensible para el ciudadano medio. «Hablamos con un lenguaje
claro, comprensible para alguien de dieciséis años, libre de cháchara o de
polisílabos que empañen».
Dado
que las caricias serán centrales en este libro, déjame que aporte una
definición de su best-seller, Los Juegos en que participamos (1964),
en el cual presenta el concepto de caricia:
«Una
caricia es la unidad fundamental de la acción social... un acto que implica
el reconocimiento de la presencia de otra persona».
Durante
el medio siglo en el que mi interés principal fue el análi-sis transaccional,
he desarrollado otras visiones propias añadidas que resumo a continuación:
a.
El amor es la fuerza de poder fundamental en las relaciones humanas. La
transacción básica de amor es la caricia positiva.
b.
Muchas más personas de las que se dan cuenta sobreviven ba-jo una
insuficiente dieta de inanición de caricias positivas.
c.
La escasez de amor es el resultado de una «economía de cari-cias» reforzada
por el estado del yo del Padre Crítico, que mantiene a las personas
impotentes, deprimidas, temerosas y desesperadas.
d.
Las personas hambrientas de caricias buscarán y aceptarán ca-ricias
negativas, necesarias pero emocionalmente debilitadoras, cuando no sean
capaces de obtener caricias positivas.
e.
Las caricias negativas se generan al participar en juegos psico-lógicos y al
representar los tres papeles fundamentales de los jue-gos; Salvador,
Perseguidor y Víctima.
f.
Para que un guión perdure, se debe participar en los juegos que sustentan al
guión. Eliminando los juegos minamos los funda-mentos del guión de un
individuo. Derrotar a la economía de cari-cias al aprender a dar y recibir
libremente las caricias positivas hace a los juegos innecesarios como fuente
de caricias y ayuda a las per-sonas a zafarse de sus guiones.
g.
Para derrotar a la economía de caricias es necesario aislar y eliminar la
influencia controladora del Padre Crítico, para que así los poderes innatos
del amor de la persona queden libres para des-arrollarse.
i.
El amor, en un entorno social cooperativo y democrático, es un poderoso
facilitador del poder personal, de la esperanza y de la seguridad. Los abusos
de poder y los juegos de poder tienen el efecto opuesto y generan en cambio
impotencia, inseguridad, odio y temor. Éstas ideas, las de Berne y las mías,
son las piedras angulares de un punto de vista que he estado desarrollando
desde que en 1971 escribí Los guiones que vivimos. Llamo a este punto
de vista «Análisis Transaccional Centrado en el Corazón».
Mi
tesis, en una frase algo larga, pero espero que significativa, es la siguiente:
El
potencial pleno de la humanidad para el amor, la alegría y el pensamiento
productivo se ha suprimido selectivamente durante siglos por un sistema social
autoritario y abusivo con la colaboración activa del Padre Crítico que hay
en cada per-sona. Se puede liberar este potencial reprimido mediante una
cooperación democrática, centrada en el corazón, basada en la información,
libre de juegos de poder, y facilitada por el análisis transaccional.
SEGUNDA
PARTE. INTRODUCCIÓN; METÁFORA, MÉTODO, CIENCIA
El
Análisis Transaccional Centrado en la Caricia es una elabora-ción y, a veces,
una desviación del punto de vista de Berne; el pro-pósito de esta parte del
libro es presentar estas ideas tan concisa y claramente como sea posible.
Antes
de proceder quiero hacer algunas observaciones sobre la naturaleza de las teorías
del comportamiento en general y sobre el análisis transaccional en
particular. Teorías como las de Sigmund Freud, Carl Jung, Wilhelm Reich,
Alfred Adler, Albert Ellis, Ges-talt, cognitivo-conductual, programación
neurolingüística (PNL), Desensibilización y reproceso por el movimiento de
los ojos (EMDR), terapia centrada en el cliente y el método de los doce pasos
así como el análisis transaccional se pueden considerar desde varias
perspectivas; como metáforas, como método y como ciencia. (Método y ciencia
son conceptos claros, elaboraré a continuación el de metáforas).
Cada
una de las teorías nombradas anteriormente contiene una mezcla de los tres
aspectos. Algunas son densas en metáforas y metodología (Freud, Gestalt),
algunas lo son en metodología y ciencia (Ellis, cognitivo-conductual),
algunas están repletas de mé-todo (Gestalt, terapia centrada en el cliente,
doce pasos), y así suce-sivamente. En general el desarrollo de las teorías
psicológicas va por fases. Tienen inicio cuando un método parece tener éxito
en crear un cambio beneficioso. El éxito lleva a una explicación meta-fórica,
que provoca una investigación que puede generar la valida-ción de la teoría.
Como ejemplo, los efectos beneficiosos de la conversación llevó a la «cura
por el habla» que posteriormente fue ela-borada como teoría psicoanalítica,
un conjunto de complejas metá-foras. Finalmente, una vez que las metáforas y
el método psicoana-lítico mostraron alguna promesa, se emprendió la
investigación científica que no logró validar algunas de las metáforas (el
id, com-plejo de Edipo, envidia del pene) ni algunos métodos (libre asocia-ción,
interpretación, análisis de la transferencia), mientras que otros conceptos
psicoanalíticos se establecieron a sí mismos como váli-dos (la importancia
de los dramas y traumas infantiles, la relevancia del instinto y la emoción,
la interacción entre los procesos mentales y somáticos, el valor de la
catarsis).
Por
el momento, el análisis transaccional participa de los tres as-pectos de este
proceso:
1.
Metáfora. El análisis transaccional comenzó como una colec-ción de
metáforas cautivadoras, aforismos llamativos y neologismos que fueron la base
de su popularidad en los setenta. Una metáfora es una figura retórica que
conecta directamente dos o más cosas aparentemente no relacionadas para
aclarar la naturaleza de una de ellas como igual a la segunda de una manera
intuitiva y apreciable. Por ejemplo, Juan se da la vuelta mientras Tamara está
llorando, y Tamara lo acusa de tener el corazón duro. «Corazón duro» es
una metáfora para la falta de sentimiento y de compasión. Aquí «duro» (metáfora
de falta de sentimientos) y «corazón» (metáfora del amor) están
conectados en un acto aparentemente no relacionado, la reac-ción no compasiva
de Juan a las lágrimas de Tamara. Mientras que no hay una conexión objetiva
entre dureza, corazón y falta de com-pasión, las palabras tienen el poder de
darle sentido a las metáforas y de evocar una imagen significativa en la
mente de Juan; él sabe qué es lo que ella quiere decir.
Las
metáforas siempre han precedido al hallazgo científico. An-tes de que la
teoría de los gérmenes se desarrollase, los científicos de la medicina
culpaban de la enfermedad a la miasma o al mal aire. La metáfora fue
ampliamente aceptada porque tenía una validez intuitiva. Crear una asociación
entre suciedad y enfermedad pavi-mentó el camino para la moderna teoría de
los gérmenes. Por otro lado, una metáfora medieval muy popular —equilibrar
los humores—justificaba las sangrías, sacar sangre a un paciente como parte
de un proceso para «equilibrar» los cuatro «humores corporales» (sangre,
flema, bilis amarilla y bilis negra). Se pensaba que este equi-librio era
necesario para que el cuerpo humano funcionara adecua-damente. Por añadidura,
se pensaba que cualquier persona «sanguí-nea», hiperactiva o bulliciosa
padecía de un exceso de sangre y po-día mejorar sangrándole. Estas metáforas
no tenían base alguna en la realidad; no llevaban a ninguna validación científica
y fueron fi-nalmente abandonadas. Si triunfaron por poco tiempo como méto-do
fue sólo por un efecto placebo. Algunas metáforas son mejores que otras.
El
análisis transaccional está repleto de metáforas. En la teoría de los
estados del yo, ciertos comportamientos impulsivos irracio-nales están
conectados con la infancia, generando la metáfora del estado del yo Niño. «Yo
estoy bien» viene a significar sentirse bien sobre uno mismo, tres círculos
apilados uno sobre otro viene a significar una persona; una flecha entre dos
estados del yo repre-sentan una transacción, y así sucesivamente. Estas metáforas
son aceptadas y usadas como conceptos atractivos e inteligentemente efectivos
más que como rigurosas realidades científicas.
2.
Metodología. El análisis transaccional no hubiera tenido una
credibilidad duradera si solamente se hubiera basado en metáforas. También
es un método pragmático basado en la información que produce conductas
humanas deseables y cambios; un desarrollo heurístico de útiles técnicas
conductuales y cognitivas; una moderna práctica terapéutica/educacional
basada en una teoría coherente y persistente; y un método verificado con el
ensayo y el error. La efectividad del acercamiento del análisis transaccional,
evaluada por sus clientes, ha sido apoyada por una investigación repetida y
rigu-rosa llevada a cabo por Ted Novey (2.002).
3.
Ciencia. Añadido a ser un intento altamente metafórico y un método
testado en el campo, el análisis transaccional es una teoría de la
personalidad basada en información científica. Desde el inicio, Berne partió
de hallazgos científicos de la psicología social, la neu-rología, y la
ciencia evolutiva de su época. Investigaciones científi-cas actuales en las
ciencias sociales continúan validando las proposiciones fundamentales del análisis
transaccional: contratos, caricias, estar bien, guiones (Steiner, 2.003). La
duración y aceptación de estos conceptos, formulados hace medio siglo,
demuestran la natu-raleza visionaria de la teoría y el método de Berne.
No
todos los conceptos del análisis transaccional tienen esa fuerte presencia en
las tres áreas (metáfora, método y ciencia). Al-gunos no tienen presencia
alguna excepto como metáfora.
Como
ejemplo, los tres estados del yo, el mayor icono del análi-sis transaccional,
no han sido validados por ninguna investigación de otros colegas científicos
y por tanto no tienen prestigio científi-co. Y aun así los estados del yo
son la razón mencionada más a menudo por las personas interesadas en el análisis
transaccional, ya que resultan muy útiles como poderosas metáforas. Esto
presenta un problema cuando los analistas transaccionales, dado el gran inte-rés
en los estados del yo, intentan desarrollar una teoría de los esta-dos del yo
y caen en el error de la hipostasía, la falacia de la concre-ción
inapropiada.
Hipostatar
es lo que hacemos cuando hablamos de metáforas como si representasen fenómenos
reales y medibles. Si los estados del yo son metáforas, no podemos «estudiarlos»
como si fueran realidades validadas y contrastadas. Extensiones aún más
amplias de la teoría de los estados del yo se tornan cada vez menos
signifi-cativos y comienzan a remedar a los debates medievales sobre cuántos
ángeles pueden bailar sobre la punta de un alfiler. Lo mis-mo es cierto para
la proliferación de flechas en la matriz del guión, la multiplicación de drivers
en un guión o cualquier otra hiperexten-sión de las metáforas del análisis
transaccional.
Aún
así, sin necesidad de hiperextender la metáfora de los esta-dos del yo, los
podemos tomar muy en serio; son la base de un método extremadamente atractivo
y efectivo para provocar cam-bios importantes y deseados.
Esto
es importante para aquellos que desean tener reconocido el análisis
transaccional por los profesionales y académicos. Cuando hablamos
abiertamente de estados del yo o de otras metáforas del análisis
transaccional como realidades reconocidas más que de un método y metáforas
pragmáticas y útiles, se nos percibe como ingenuos, estrechos de miras y
poco sofisticados por los profesiona-les del terreno. Para aquellos
transaccionalistas que buscan un lugar en la comunidad científica y académica
y anhelan llegar a ser respe-tados entre los modernos métodos educacionales y
de terapia, el lenguaje científico y la validación son el único camino
posible para hacer un progreso fiable. En mi opinión, es muy improbable que
los analistas transaccionales puedan realizar la investigación necesa-ria a
menos que ya sean miembros de la comunidad académica, con fondos para la
investigación y estudiantes graduados para hacer los estudios; una
circunstancia improbable. Además necesitamos aban-donar nuestros neologismos
chiflados, como cupón, gancho, patata caliente, racket, etc., y
sustituirlos por palabras del diccionario es-tándar.
En
este momento, el mejor acercamiento para obtener una vali-dación científica
del análisis transaccional, es buscar la investigación en las ciencias
conductuales que corroboren nuestros puntos de vista. En mi cargo de
Vicepresidente de Investigación e Innovación de ITAA (Asoc. Internacional de
Análisis Transaccional) entre los años 2.001 y 2.003, asumí ese proyecto y
encontré una amplia co-rroboración de los conceptos de: estar bien, guiones,
contratos y de algunos de nuestros métodos cognitivo-conductuales. Los
hallazgos están abreviados y publicados en The Script, la revista de
ITAA (Steiner, 2.005), pero no tuvieran cabida en el Transactional Analysis
Journal. Están disponibles en mi web: www.claudesteiner.com/corro.htm.
Es necesaria una mayor investigación para la corroboración a me-dida que la
investigación conductista haga progresos adicionales.
CARICIAS; ¿METÁFORAS, MÉTODO O CIENCIA?
Volvamos
a examinar el concepto de caricia, que es central para la tesis de este libro:
«El amor es la respuesta». ¿Es el concepto de caricia ampliamente metafórico?
¿Es la base de un método efecti-vo? ¿Está científicamente fundamentado?
Las
caricias como metáfora.
El concepto de caricia es una metáfora extremadamente afortunada de la
necesidad de reconoci-miento. Esto generó el aforismo de Berne «Si no te
acarician se te secará la médula» (1.964, Pág. 14) y estimuló la
escritura de El Cuento
de los Peluches Cálidos,
que a su vez impactó en la cultura popular creando para el idioma inglés la
generalizada frase hecha «cálido y suave».
Las
caricias como método. El
empleo de caricias como un método de terapia/educación está minuciosamente
apoyado en décadas de experiencia con la eficacia de métodos que enfatizan
los CDC (cuidados delicados y cariñosos), los grupos de apoyo, y toda clase
de grupos que fomentan el contacto, la interacción y tocarse, mucho tiempo
antes de cualquier validación científica.
Las
caricias como ciencia. No
existe a la fecha una investiga-ción contrastada en la que específicamente
se nombren las caricias como concepto. No obstante, sobre lo que en el análisis
transac-cional nos referimos como caricias, se ha escrito y estudiado de
manera extensiva como «contacto», «unión», «intimidad», «calidez», «cuidados
delicados y cariñosos», «necesidad de pertenencia», «cer-canía», «relación»,
«apoyo social», y sí, amor.
Que
procurar reconocimiento o caricias («necesidad de perte-nencia») es una
motivación humana fundamental ha sido investiga-do por Buameister y Leary
(1.995) en una excelente y exhaustiva revisión de la literatura de la cual
ellos concluyen que «las eviden-cias existentes apoyan la hipótesis de que
la necesidad de pertenen-cia es una motivación poderosa, fundamental y
extremadamente omnipresente».
El
hecho de que las caricias físicas de cariño son necesarias para mantener la
salud mental física y psicológica se ha investigado en numerosos estudios de
investigación. Lynch (1.998) y Omish (2.000) nos ofrecen excelentes
revisiones de estos estudios, mos-trando la relación universal entre amor y
salud.
Estos conceptos también están
incluidos en la importantísima serie de estudios reunidos por Bowlby y
Ainsworth (1.991) que también apoyan la visión de que el contacto seguro y
fiable con un cuidador es esencial para un desarrollo infantil positivo. La
totalidad de estos hallazgos se pueden tomar como una innegable corroboración
científica del concepto de caricia del análisis transaccional.
Si se va a elaborar una
investigación específica sobre las caricias en la comunidad científica, es
necesario para que pueda ser investigado definir el concepto rigurosamente. En
un esfuerzo para estimular la investigación algún día, intentaré a
continuación una definición estricta de las caricias:
1.
Una caricia es una unidad de comunicación. En concreto, una caricia es una
transacción en la cual una persona (A) transmite in-formación
conscientemente a otra persona (B), que la recibe. (Véa-se el capítulo 13
para una explicación de cómo uso el término in-formación aquí).
2.
La información transmitida en la caricia de A (el estímulo transaccional según
Berne) pretende dar una información sobre B y para B.
3.
El reconocimiento de la caricia de A por B (la respuesta tran-saccional según
Berne) completa la comunicación.
4.
La información contenida en una caricia puede ser (a) una de-claración
verbal valorativa o (b) no verbal en forma de un acto o (c) en forma de ambos,
verbal y no verbal.
5.
La información verbal valorativa contenida en una caricia está
primordialmente en forma de adjetivo y puede ser tanto negativa como positiva
(guapo, feo, listo, estúpido, bueno, malo, etc.).
6.
La información no verbal se personifica en forma de una ac-ción amistosa u
hostil (atención, rechazo, sonrisa, fruncir el ceño, caricia, palmada, etc.)
acompañada de una emoción correspondien-te de amor (desde el afecto a la
pasión) u odio (desde la irritación a la aversión), o de una mezcla de
ambos.
7.
La respuesta a una caricia variará dependiendo de cuánta de la información
de la caricia es recibida por B.
Esperemos
que esta definición parcial y provisional del concep-to sea útil para los
estudiosos de las caricias. Os invito a que me hagáis vuestras observaciones
y hago una oferta en firme de mi experiencia en la materia y en el método
experimental para cual-quiera que pueda estar interesado en emprender
investigaciones sobre las caricias, especialmente en la efectividad de las
caricias
En
resumen:
a.
El concepto de caricia es central y una metáfora muy afortu-nada del análisis
transaccional, un concepto que une toda la teoría en un sistema limpio como
demostraré.
b.
Las caricias y su importancia han sido ampliamente corrobo-radas por
investigación independiente en la ciencia del comporta-miento.
c.
Las caricias se han reconocido como un factor crucialmente importante de
sanación por practicantes de la salud y de la psicote-rapia durante siglos.
Investiguemos
la teoría centrada en las caricias con más detalle.
PERMISO,
PROTECCIÓN, POTENCIA Y EL PADRE CRÍTICO
Las
operaciones básicas del método del análisis transaccional –conocidas
coloquialmente como las tres P’s– son Permiso, Protec-ción y Potencia. A
éstas añadiré Desactivar al Padre Critico.
PERMISO
La
primera de las tres P’s del tratamiento del análisis transaccio-nal –el
Permiso– es una transacción que está íntimamente unida a la teoría del
guión. La teoría del guión propone que la conducta de guión de las
personas está controlada por los mandatos del Padre Crítico. El alcoholismo,
que muy a menudo es un guión, nos pro-porciona un buen ejemplo.
Eric
Berne observó que un alcohólico necesita permiso para no beber. Esto tiene
sentido si uno tiene en mente que un alcohólico está envuelto en un guión,
y que un guión es el resultado de la pre-sión parental en forma de mandatos
y atributos. Como consecuen-cia, y en teoría, el alcohólico tiene órdenes
de beber, y necesita permiso para no hacerlo. El concepto de Permiso se vuelve
muy claro cuando se aplica, por ejemplo, a un joven alcohólico que está
rodeado de compañeros de trabajo que son bebedores serios; pue-de sentir una
pérdida de apoyo y de autoestima si decide dejar de beber e ir contra los
retos ocultos y manifiestos de sus colegas abu-sadores de sustancias y de su
cultura. El mismo mecanismo es apli-cable a una variedad de actividades
autodestructivas que requieren de permiso para ser detenidas. Trabajar muy
duro o no lo suficiente («Está bien no trabajar tanto» o «Está bien
trabajar duro»). Igualmente, tener demasiado sexo o muy poco, ser más o
menos amiga-ble, etc.
El
Permiso es una transacción en la cual el analista transaccional intenta
alinear al cliente con su estado del yo original de Niño Na-tural, libre de
mandatos y atributos. El Permiso es una transacción entre múltiples estados
del yo. Por parte del analista transaccional, el Padre Nutricio dice a boca
llena: «Deja de beber, eso es lo mejor para ti, lo que has de hacer», el
Adulto dice «Beber no es una estra-tegia de vida racional», y el Niño dice
«Por favor, deja de beber, ¡te está haciendo daño!»
El
Permiso requiere la implicación del Niño del alcohólico para que responda a
los deseos del Padre y del Niño del analista, que deje de beber. Si su Adulto
no está convencido del daño que le provoca la bebida, el Permiso simplemente
se transforma en una orden a la que se puede resistir. Por ejemplo, el alcohólico
que está a punto de perder su trabajo porque bebe puede ignorar esta
decla-ración: «No mantendrás tu trabajo a menos que dejes de beber», ya
que, por el contrario, él cree que no mantendrá su trabajo si no puede ser
un bebedor social. Por tanto, si no se recibe y acepta el mensaje
Adulto-a-Adulto, el permiso no funcionará. La labor tera-péutica en este
punto sería reconocer el problema, literal, de que el alcohólico cree que
tiene que beber para mantener su trabajo.
Al
mismo tiempo, si el Niño del cliente no está abierto al Padre del terapeuta,
la información del Adulto carecerá de poder para superar los mandatos del
guión. El padre que da el Permiso debería ser el Padre Nutricio y de ninguna
manera el Padre Crítico. En oca-siones resulta difícil discernir la
diferencia entre estos dos estados del yo, excepto por el tono de la transacción.
Por ejemplo, un tera-peuta que trabaja con una mujer que se considera a sí
misma pro-miscua puede decirle «Deja de tener sexo con extraños».
Depen-diendo del tono de la frase puede significar «Deja de tener sexo con
extraños (so puta)», o puede significar «Deja de tener sexo con ex-traños
(es una buena idea y tú puedes hacerlo)», que sonará de ma-nera muy
diferente.
Por
último, el Niño del terapeuta está implicado con su cándido deseo de que
el cliente cese de hacerse daño a sí mismo y aprenda a
El
uso del Permiso como maniobra terapéutica puede incluir permiso para pensar,
para hablar, para moverse, para pedir, para reír, para llorar, o para dar y
recibir, aceptar y rechazar caricias. Por ejemplo, una paciente adicta a la
heroína que mejoró muy visible-mente su situación al permanecer limpia
durante todo un año nun-ca inició por sí misma relaciones sociales, sino
que para mantener el contacto social más bien se unió a cualquier actividad
que iniciaban sus escasas amistades. Cuando esto se apreció, se hizo evidente
que ella necesitaba Permiso para pedir a la gente el contacto social que
necesitaba y que quería. Se le dijo, como parte de su trabajo en casa, que
pidiera a alguien que le acompañara a ver una película. Demos-tró ser una
tarea muy difícil, que ella no fue capaz de desarrollar en semanas. Esta
dificultad se convirtió en el foco principal de la tera-pia, el «punto
enfermo» o «impasse» de la paciente más allá del cual ella se tenía que
mover para proceder hacia una mejora permanen-te. La insistencia e interés
del terapeuta en esta acción concreta y las discusiones que la rodearon
tuvieron definitivamente el efecto de-seado. Finalmente se deshizo del fuerte
mandato contra hacer peti-ciones a las personas e invitó a un amigo al cine,
un acto que de-mostró ser un crucial primer paso en su recuperación
definitiva y permanente.
PROTECCIÓN
La
Protección es el corolario necesario del Permiso. Dado que el Permiso
posibilita al cliente a ir contra los mandatos del Padre Crí-tico y su
formidable apoyo social, esto lleva a pensar que el cliente necesitará un
apoyo personal fiable, de confianza y musculoso. La experiencia me ha mostrado
que cuando la gente abandona su obe-diencia al Padre Crítico experimentan una
clase de ansiedad especí-fica debida a la prohibición existencial que dejan
atrás. Es contra esa ansiedad para la que la protección está diseñada para
actuar. La protección de un terapeuta potente en forma de disponibilidad por
teléfono o e-mail, la posibilidad de tener citas personales no pro-gramadas y
un apoyo superespecial es crucial en esos instantes. Se debería animar a los
miembros del grupo a estar disponibles para dar un apoyo protector cuando sea
posible (llamadas de teléfono, actividades juntos, quedar para almorzar o
parra un café). Sin estos contactos sociales protectores el cliente estará
en riesgo de que le superen los mandatos del guión.
POTENCIA
La
Potencia terapéutica se refiere a la capacidad del terapeuta para aportar una
cura rápida y esperanzadora. La Potencia del tera-peuta tiene que ser
equivalente a la potencia y severidad de los mandatos establecidos en el
pasado del cliente. La Potencia conlle-va que el terapeuta está deseando de
intentar curar al paciente y de estimar el tiempo y el gasto implicado.
Significa que desea enfren-tarse al cliente y ejercer presión para el cambio.
Significa que el terapeuta está desando ofrecer Protección al cliente cuando
sea necesario. La Potencia, cuando el terapeuta se esfuerza por alcanzar algo,
se interpreta a menudo como que implica un deseo de omni-potencia ilegítimo.
No obstante, la diferencia entre Potencia y om-nipotencia está bastante clara,
y los analistas transaccionales, cons-cientes de sus limitaciones así como de
aquellos conceptos de la Potencia terapéutica, apenas están infectados de «fantasías
de om-nipotencia» o, en términos transaccionales, de ser enganchados por el
papel de Salvador.
El
deseo de Potencia terapéutica hace al analista transaccional desear de
considerar el uso de cualquier técnica que tenga potencial, o que demuestre
funcionar, para completar el contrato; las técnicas terapéuticas son miríadas
y están en constante innovación. El tera-peuta potente sabe qué técnicas
son éticas, sus ventajas e inconve-nientes, y es capaz de adaptar
creativamente las técnicas a las nece-sidades específicas del cliente.
RESUMEN
Y APÉNDICE: NOTAS PARA PSICOTERAPEUTAS
Este
capítulo es una versión actualizada de un artículo de 1.995, «Treinta Años
de Psicoterapia y Análisis Transaccional en 1.500 palabras o menos». Escrito
en su momento en un tono provocativo, era en cualquier caso una visión válida.
Por fortuna, mi actitud ha madurado; presento para vuestra considera-ción la
versión del artículo con más peso.
La
práctica del análisis transaccional ha sido adoptada por con-sejeros,
educadores, asesores y preparadores, pero el análisis tran-saccional se
desarrolló originalmente como una forma de psicote-rapia. Escribo esta sección
específicamente con los psicoterapeutas en mente. Si estás deseando leer
otra repetición más referente a los contratos, los estados del yo, los
juegos, los guiones, el Padre Críti-co o las caricias, aún puedes conseguir
otra variante final de mis puntos de vista.
Para
mí, la práctica de la psicoterapia fluyó de manera bastante natural desde
mi primer trabajo como mecánico de automóviles. Excepto por el hecho de que
éstos no estaban sujetos al efecto placebo o a la ayuda de la vertiente
curativa de la naturaleza, arre-glar automóviles o curar personas era
bastante similar en algunos aspectos. El mandato básico de Berne —»curar
pacientes»— era mi mejor aliado: El cliente trae el coche, el mecánico
mira bajo el capó, se hace idea de qué va mal, lo repara, y hace una factura.
Ésta fue la premisa de Eric al final, como evidencia su última conferencia
en 1970
(véase en el capítulo 13 la sección ¿Cómo cambian las personas?, y
Berne 1971 en la bibliografía).
Me
gustaría pensar que he llegado a ser un terapeuta excelente, que comenzó
hace treinta años con una buena actitud y una teoría de primera clase —el
AT— y que finalmente aprendió buenas téc-nicas y adquirió sabiduría en
alguna medida. Llegué a la psicoterapia a través de la mecánica de automóviles
donde había sido testigo de las muchas pequeñas, y en ocasiones enormes,
deshonestidades que eran comunes en los mecánicos: cobrando por chapuzas;
exageran-do la magnitud del problema para aparentar tener habilidades mági-cas;
enganchando al cliente en una relación de dependencia posi-blemente
sexualmente rebajada; pretendiendo saber lo que estaba mal cuando no tenía ni
idea; durmiéndome en el trabajo; denigran-do al cliente que quería saber e
inundándolo con una jerga diseñada para confundirlo; y dándome aires o
disfrazando mi ignorancia y mis errores, por nombrar unas pocas variantes de
la mentira, los juegos de poder y la pura holgazanería. Afortunadamente,
habiendo visto y participado en ocasiones en estos abusos como mecánico, he
logrado evitarlos como psicoterapeuta.
Comenzando
por el mandato básico, «curar al paciente», noso-tros, que seguimos los
dictados de Berne, intentamos lograrlo en la primera sesión. Si fracasamos,
nos vamos a casa, pensamos en ello, y lo intentamos otra vez en la segunda
sesión, y así sucesivamente hasta que terminamos el trabajo, la mayoría de
las veces en un pla-zo de entre uno y dos años. Esto es para volver a
enfatizar que el único objetivo del trabajo transaccional es lograr cumplir
el contra-to y que el analista transaccional competente permanecerá centrado
en ese objetivo, al igual que lo haría cualquier profesional en otras
disciplinas maduras.
Tengo
en mente tres importantes factores para lograr que el tra-bajo de la
psicoterapia esté hecho: actitud, técnica e información. Con la actitud
adecuada, la técnica más efectiva y la información más certera, la terapia
tendrá un éxito máximo en su objetivo de la cura contractual. Con estos
requerimientos ausentes, lo mejor que uno puede esperar es el «poder de la
amabilidad» que literalmente es, dado que nos preocupamos sinceramente y que
tenemos buenas intenciones,
que no se hará daño alguno (excepto quizás para la cuenta bancaria del
cliente), y dado que la vertiente curativa de la naturaleza siempre está en
funcionamiento, un tercio de nuestros clientes se pondrán bien sin importar
lo que hagamos.
I. ACTITUD CARINOSA
Entre
los tres factores, la actitud del terapeuta es sin duda la que más
inmediatamente se percibe por nuestros clientes y por tanto primus inter
pares en importancia.
Una
Actitud Liberada del Padre Crítico:
Nada
puede crecer en un entorno tóxico. Por tanto, es esencial operar desde una
posición carente de transacciones provenientes del Padre Crítico y crear un
territorio y entorno radicalmente libre del Padre Crítico en el cual el
cliente se sienta seguro y capaz de confiar. La mayoría del entrenamiento
terapéutico enseña una actitud agradable, amistosa y confiadamente tolerante,
pero estas asun-ciones de actitudes implícitas no son precisamente
suficientes para garantizar la resonancia límbica que se requiere para la
psicoterapia verdaderamente potente.
Admitiré
objeciones sobre la terminología (Padre Crítico, Ene-migo, Opresor, Crítico
Interno, lo que quieras), pero el principio —No al Padre Crítico— no está
abierto a discusión. Una zona libre del Padre Crítico está libre de juegos
de poder, y de mentiras en particular. Sin excepciones; sin mentirijillas,
mentiras piadosas o mentiras «terapéuticas». Sin mentiras por omisión que
escondan hechos importantes, ni técnicas paradójicas que se basan en la
mis-tificación. Sin mentir sobre lo que queremos y sobre cómo nos sentimos.
Libre del Padre Crítico significa libre de juicios negativos prejuiciosos, no
importa lo bien que aparenten; libre de coerción, no importa lo terapéutico
que pueda ser considerado.
Un
entorno radicalmente libre del Padre Crítico es la condición indispensable
para la liberación de las energías sanadoras del Niño, que alimentan el
proceso positivo límbico y que hacen posible darle la vuelta a las decisiones
de guión. Debemos permanecer libres de ese resentimiento o ira —del cual el
terapeuta es completamente responsable— que es la consecuencia inevitable
del Rescate. Rescatar, definido como hacer más de lo que a uno le corresponde
o hacer algo que uno no quiere hacer, es un serio error terapéutico que lleva
inevitablemente a la Persecución. Libre del Padre Critico significa que
cualquier enfado o resentimiento persecutorio dispara-rá una decisión de
buscar una supervisión orientada a tratarlo y a eliminar esos sentimientos
negativos.
Actitud
Nutricia:
La
actitud adecuada tiene como su principal personificación a un Padre Nutricio
activo y cariñoso; un interés cálido y protector que señala: «Te vigilaré
y respaldaré mientras la naturaleza y tú hacéis la curación», la
combinación de amor incondicional materno, paterno y fraterno, el único
poder humano que es capaz de imbuir al Niño desesperado, triste, decepcionado
y atemorizado con la esperanza y energía para levantarse y andar el camino.
La actitud nutricia necesi-ta ser encaminada al terapeuta tanto como al
cliente dado que las habilidades sanadoras potentes se basan igualmente en el
amor a uno mismo como en el amor a otros.
Actitud
Adulta:
El
amor a uno mismo y el amor a otros son esenciales para un buen trabajo terapéutico.
Igualmente importante es el amor a la verdad; el tercer componente esencial de
una actitud efectiva. El analista transaccional debe ser capaz de centrarse en
el Adulto, con una mente abierta y pragmática, preparado para mantenerse
firme e incluso aceptar información nueva y contradictoria. Esta actitud
implica la desapasionada resistencia mental para estar junto a lo que uno cree,
y al mismo tiempo la apertura mental para cambiar inme-diatamente la percepción
y opinión de uno, cuando los hechos lo demandan.
La
declaración que resume una buena actitud es «confrontación cariñosa»,
también conocido como «amor duro». Prefiero confron-tación cariñosa
porque la dureza se puede deslizar más fácilmente hacia la Persecución y a
los otros dos papeles del juego. Pero la confrontación cariñosa, libre del
Padre Crítico, con una dosis sana de cuidado, bajo la guía descontaminada
del adulto, es la actitud adecuada según mi opinión.
II. TÉCNICA
La
técnica en cuestión, por supuesto, es el análisis transaccional, que es (perdóname
la repetición interminable de un concepto tan básico) analizar transacciones.
Esto significa que lo primero no es analizar la estructura de los estados del
yo o la historia personal (la cual, aun siendo a menudo útil y relevante, no
es central). Ni nos centraremos en la psique y el psicoanálisis, una avenida
que ha sido intentada y que fue específicamente abandonada por Berne como línea
principal efectiva de teoría y técnica. (Si vamos a llamarnos a nosotros
mismos analistas transaccionales, no deberíamos volver atrás hacia el
pensamiento y lenguaje psicoanalítico). Las tres técni-cas terapéuticas del
análisis transaccional son los contratos, las pre-guntas y las transacciones
sanadoras.
Contratos:
El
contrato es el mecanismo de respuesta básico de este acerca-miento a la
psicoterapia. Establece cuáles son los fines de la terapia y cuáles serán
los criterios de su cumplimiento. Nivela el campo de juego entre terapeuta y
cliente usando un lenguaje sencillo y com-prensible, y hace posible verificar
y corregir la marcha de la terapia. Junto a los obvios y reconocidos efectos
beneficiosos de los contra-tos terapéuticos, el contrato separa de forma dramática
y radical a la terapia de las terapias no contractuales y la impulsa hacia el
la van-guardia de la moderna psicoterapia; la terapia de la era de la
infor-mación. De hecho, los consumidores modernos se están volviendo escépticos
hacia los sistemas de terapia que están cargados de pseu-do-hechos; en vez de
esto esperan resultados. Dado que hoy en día hay más aspirantes a terapeutas
que clientes buscando terapia, re-sulta inevitable que las técnicas y métodos
antiguos, no comproba-dos y no demostrados, finalmente se extinguirán en todo
caso.
Preguntas:
Un
buen terapeuta sigue haciendo preguntas en vez de «estable-cer un diagnóstico».
Es decir, la terapia efectiva está libre de térmi-nos fácilmente citados
pero básicamente sin sentido como «esqui-zofrénico», «borderline»,
«pasivo», «contaminado», «guión de perde-dor», «racket» y demás
jerga psiquiátrica, a menudo denigrante. En vez de buscar un diagnóstico
psiquiátrico, estoy proponiendo que establezcamos primero una atmósfera de
verdad que pueda reafir-mar al cliente de que está seguro para ser
completamente honesto en sus respuestas. Dado este deseo de ser abierto y de
no guardar secretos, el terapeuta puede reunir información significativa
hacien-do cuantas preguntas profundas, atrevidas y penetrantes sean
nece-sarias para averiguar lo que realmente está pasando con el cliente. Con
la información así reunida, podemos llegar a una imagen lúcida y
tridimensional del cliente que realmente comprenderemos, más que simplemente
encontrar algo que encaje en el manual diagnosti-co. Esta representación
tridimensional del cliente, muy parecida a un holograma en el que cada trozo
de información es parte de la totalidad de la imagen, nos ayuda a ofrecer un
plan de tratamiento personalizado, creativo, abierto a revisión, auto-corregible
y efecti-vo que no ofrece ningún manual de diagnóstico.
Transacciones
Sanadoras:
Dado
que aceptamos el propósito de la terapia, la cuestión sur-ge: «¿Qué hay
que hacer para que la sanación se pueda producir?» Tres elementos
ampliamente descritos en este libro muestran ese proceso: Permiso, Protección
y Potencia. Si estás harto de tanta repetición, por favor salta a la
siguiente sección: Información.
1.
Permiso: El principio universal que Berne resumió cuando de-cía «Las
personas nacen príncipes y princesas y luego sus padres las convierten en
ranas», implica que pueden retornar a ser lo que eran mediante el beso de un
analista transaccional. Por ejemplo, que el proceso de la terapia consiste en
lo opuesto a sucesos profunda-mente influyentes de la infancia. Los eventos en
cuestión dispara-ron las decisiones, sensibles en la fecha en que se hicieron,
que es-taban basadas en la información disponible para la personita, a me-nudo
bajo las condiciones de un estrés traumático.
El
permiso es el proceso en el cual el terapeuta obsequia al clien-te con una
información actualizada y le sugiere que es apropiado prescindir de
decisiones vitales previas, de tal forma que se pueden tomar nuevas decisiones:
confiar en las personas, buscar el contacto humano, volverse activo en la
auto-conservación, aprender, expre-sar anhelos profundos, y dejar de
rechazarse o envenenarse a uno
2.
Protección: El camino a la salud tiene una fuerte oposición de la
cultura de violencia y dominación basada en el Padre Crítico. Esta cultura tóxica
está propagada y reforzada mediante las transaccio-nes del Padre Crítico. Es
trabajo del terapeuta, una vez ofrecido Permiso, proporcionar Protección (véase
el capítulo 10) a la oposi-ción —interna y externa— del Padre Crítico
para que el proceso de cambio pueda seguir su curso.
3. Potencia: Las funciones combinadas del Permiso y la Protec-ción definen la Potencia del terapeuta como facilitador del proceso natural de sanación. El hecho es que la maravillosa auto-sanación de la naturaleza se puede desbaratar. El proceso de sanación tiene formas de tratar con pequeñas incompetencias pero se puede ver superada; se sabe de gente que ha muerto por una infección que comenzó por un pequeño corte de un papel. Lo mismo resulta cier-to para las heridas emocionales que afectan a las personas: la Natu-raleza está preparada para restaurar la salud con la ayuda de un sa-nador competente, pero también la naturaleza se puede ver supera-da por un trauma continuo y por una ayuda incompetente. En el caso de la psicoterapia, hoy esta incompetencia ocurre fundamen-talmente bajo la forma de la pasividad del terapeuta e incluso la negligencia por un lado, o por la administración de fármacos cie-gamente errónea, especialmente el «cóctel farmacológico», por el otro. Es tarea del terapeuta potente evitar tales influencias sabotea-doras y permitir hacer su trabajo a la mano sanadora de la naturale-za. El mayor impedimento para la Potencia es hybris, la arrogancia autocomplaciente del terapeuta que se imagina a sí mismo como quien hace el movimiento de apertura del proceso de sanación más que como su humilde facilitador. Por otro lado, el amor es el mayor potenciador de la Potencia; amor al cliente, amor a uno mismo y amor a la verdad.
III. INFORMACIÓN
El
tercer y último ingrediente básico de la buena psicoterapia es la información
acertada y válida. En psicoterapia, hemos recorrido un largo trecho desde el
punto en que se creía que la curación lle-gaba mediante el alivio de la
presión en el cerebro con trepanación y sangrías, o, incluso, por la simple
conversación.
La
práctica de la psicoterapia ya no es un proceso por el cual re-ajustamos
energías y liberamos presiones (aunque a veces hagamos ambas cosas). Sabemos
que se necesita algo más que eso para satis-facer las necesidades de los
modernos e inteligentes consumidores actuales de servicios psicoterapéuticos,
quienes esperan de nosotros que apliquemos un proceso en el cual se
intercambie una informa-ción válida, útil y constructiva, sujeta a
modificación por la retroa-limentación.
En
los cincuenta años pasados desde que recibí mi autorización para la práctica
de la psicoterapia, mucho es lo que aprendí sobre qué es útil en la profesión
y qué no lo es. Aquí están cuatro áreas de las cuales ahora tenemos
información esencial para la persecución de eficientes curas terapéuticas.
Cuerpo-Mente.
1.
Caricias: Es esencial un suministro abundante de caricias posi-tivas
para la salud mental y física. Sorpresa: la depresión está causa-da por un
déficit de caricias, falta de ejercicio, una mala vivienda y un trabajo
repugnante o ningún trabajo en absoluto. Caricias, ejer-cicio, un buen cobijo
y buen trabajo funcionarán mejor que el Pro-zac. Un tratamiento contractual
de grupo de análisis transaccional es la fuente más efectiva del apoyo y de
las caricias necesarias para facilitar el proceso de sanación.
2.
Educación Emocional: Las emociones son las representantes del cuerpo
en la vida mental de las personas. Conociendo las de uno y las emociones de
los otros es absolutamente esencial para una vida efectiva. Otra sorpresa: Yo
te puedo hacer sentir (bien y mal) y viceversa.
3.
Somos Animales: Como descendientes de los chimpancés, mu-cho de lo que
queremos y de lo que a menudo hacemos está enrai-zado en nuestra naturaleza e
impulso animal. Estos impulsos han de ser reconocidos antes de que los podamos
domar y poner al servicio de la cooperación y bienestar de una sociedad
moderna democrática y cooperativa.
4.
Somos Lo Que Comemos: El bienestar está en conexión con lo que
consumimos. La comida basura es dañina para nuestra salud mental; pasa lo
mismo con la información basura. También lo es el uso inapropiado de la
nicotina, la cafeína, las drogas legales con o sin receta, las drogas
ilegales y —lo más importante— el alcohol. La adicción, la dependencia
química (un asunto distinto a la adic-ción) y el uso apropiado de fármacos
y la sobriedad deben ser am-pliamente comprendidas por el terapeuta efectivo.
Abuso
de Poder
El
poder y las relaciones de poder —abusivas y cooperativas— son aspectos
esenciales de la vida y tienen un poderoso efecto en el bienestar emocional.
1.
No a los Juegos de Poder: Necesitamos entender la diferencia en-tre
estar por encima, estar por abajo e igualdad. Debe ser entendido y
radicalmente evitado el abuso de poder en el proceso terapéutico, específicamente
el sexual, pero también el enfado sutil y la violencia y acoso emocional.
2.
Marte y Venus: Las relaciones de género están en el núcleo de la
mayoría de las dificultades entre las personas. Sexismo, feminis-mo, liberación
del hombre y la importancia y extensión de las dife-rencias innatas y de género
en las relaciones de género deben ser ampliamente comprendidas por el buen
terapeuta.
3.
Opresión: Pertenecer a minorías oprimidas resulta decisivo en la vida
de las personas. Necesitamos entender las presiones tóxicas, y a menuda
violentas, sobre jóvenes y ancianos, pobres, gays y les-bianas, obesos,
deficientes, el tercer mundo y otra gente vulnerable.
4.
Sexo y Niños: El abuso sexual y emocional sobre los niños fue
enterrado como cuestión de los psicoterapeutas a principios del siglo pasado
por el fatal error teórico de Freud; postular que el re-cuerdo de abuso
sexual de la mujer adulta era meramente un deseo de cumplir fantasías. De
hecho muchos de nuestros clientes, mas-culinos y femeninos, fueron de niños
abusados sexual y emocio-nalmente. Esto hay que considerarlo, teniendo en
mente que los
5.
Trauma: La vida está acompañada de estrés, ansiedad y dolor; las
heridas, el abuso, el temor y la desgracia son parte de una vida normal.
Cuando estos factores estresantes se acumulan, o se hacen lo suficientemente
grandes o permanentes pueden exceder nuestra capacidad para manejarlos. Cuando
el estrés normal cruza el umbral de manejabilidad y se convierte en trauma
sufrimos cambios físicos y psicológicos que se pueden volver permanentes y
crear toda suer-te de síntomas. Los ataques de ansiedad y de pánico, los
enojos, los dolores crónicos, las pesadillas, la depresión, la
drogodependencia y la adicción, y la inmunodeficiencia ante la enfermedad son
todos resultados posibles del trauma. La mano sanadora de la naturaleza puede
que no sea capaz de reestablecer el equilibrio y necesite de un apoyo
conocedor del asunto y paciente para estos casos.
Trascendencia
El
camino de las personas a través de la vida desde el nacimiento hasta la
muerte es un área nueva e importante de información. Se deben comprender el
paso del tiempo, las crisis vitales, nacimiento, envejecimiento y muerte, los
trabajos penosos y los lutos. El suici-dio se debe considerar como una cuestión.
Espiritualidad, valores, la experiencia religiosa y el poder de la
trascendencia son cuestiones esenciales en la práctica efectiva.
¿Por
qué Análisis Transaccional?
Nombraré
algunas de las nuevas e interminablemente proliferan-tes técnicas útiles
para aportar los resultados deseados: acercamien-to cognitivo-conductual,
tareas caseras, interpretación de papeles y psicodrama, entrenamiento en
asertividad, bio-feedback, relajación, ensoñación guiada, bioenergética,
meditación, separaciones tera-péuticas y otras medidas profilácticas para
la terapia de familia y de relaciones, y por último pero no por ello menos
importante, técni-cas para derrotar al Padre Crítico. Cualquiera de estas técnicas
pue-den ser útiles para facilitar el proceso del Permiso y la Protección.
Con
qué puede contribuir el análisis transaccional a este proceso? El hecho es
que el analista transaccional entrenado está ópti-mamente equipado, como se
detalla:
Estamos
capacitados para observar el proceso transaccional y analizarlo como un medio
de intercambio de información.
Estamos
capacitados para distinguir tres estados del yo diferen-tes y las variadas
combinaciones de transacciones que pueden ocu-rrir entre los tres diferentes
niveles de significado intercambiado entre ellos. Somos conscientes de las
peculiares características de las transacciones Padre a Niño comparadas con
las transacciones de Adulto a Adulto, los componentes abiertos y ocultos de
las tran-sacciones y los efectos de las transacciones cruzadas y angulares.
Comprendemos
la patología de las transacciones. Sabemos có-mo un intento de comunicación
se puede convertir en un juego y sabemos cómo ayudar a la gente a parar estos
patrones dolorosos de intercambio de información y caricias. Tenemos técnicas
para ayudar a la gente a amar y a ser correspondidos con el amor.
Sabemos
las características de las transacciones sanas —ricas en caricias positivas—
y cómo dar a las personas permiso y protección para engancharse a ellas.
Sabemos como responder a las mentiras y como ayudar a la gente para dejar de
mentir y dejar de aceptar las mentiras de otros.
Finalmente,
conocemos la importancia del contrato terapéutico y estamos habilitados para
establecer tales contratos. El tipo de predicción y control que es necesario
para lograr la finalización de un contrato anima al uso de la información válida
más que de la opinión, la especulación, el prejuicio, ad hominen o
la información falsa. Nos damos cuenta de que el cambio deseado por el
cliente no va a ocurrir mágicamente o mediante una amplia discusión de los
recuerdos infantiles o los sueños, sino por la información válida, efectiva,
creadora de ordenamiento (que puede incluir experiencias infantiles y sueños)
que se aplica al proceso.
Una
terapeuta honesta se gana la vida con su trabajo y es cons-ciente de su tarea.
Es humilde como para que, al final, ayude al cliente: una combinación de
poder sanador de la naturaleza, los esfuerzos del cliente por hacerse
responsable y aportar cambios, y la guía y las habilidades del terapeuta. En
cada sesión, ella revisa qué progresos se están haciendo, se regocija
abiertamente con los cambios positivos del cliente siendo analítica sobre el
proceso y usando la información más avanzada para estar al corriente de su
trabajo. Reconoce la individualidad única de cada cliente y aplica su
creatividad a la dificultad específica del cliente. Surte de permiso para el
cambio, de protección contra los demonios que acosan al cliente en nuevas y
extrañas aguas. Y ofrece atención y dedicación constante y potente a todo
el proceso. Su amor a la verdad la man-tiene honesta sobre los efectos de su
terapia; positiva, negativa o neutra.
Ésta
es la información, añadida a la que provee cualquier entre-namiento
profesional, que debemos estudiar y dominar para califi-carnos como sanadores
de almas efectivos, productivos y postmo-dernos: Actitud Amorosa, Técnica
Efectiva e Información Válida; así de sencillo. ¿Alguna pregunta?
ÚLTIMAS
PALABRAS
Durante
el último medio siglo he escrito de manera ininterrum-pida sobre análisis
transaccional. Tras quince años de infatigable edición de mi obra, mi
querida esposa, Jude Steiner-Hall (también conocida como Jenae Marks), me
confesó que estaba cansada de leer las mismas ideas una y otra vez. Durante
mucho tiempo me había animado a consolidar mis teorías en una única pieza
académi-camente respetable. Se me ocurrió que así lo haría como prepara-ción
para moverme a nuevas percepciones, y eso es lo que he hecho con este libro.
Con
lo valioso que se vuelve el tiempo en mis próximos años de vida, espero
usarlo para perfeccionar lo que tanto he desarrollado sin repetirme a mí
mismo. El interés que me surge está en la nueva era de la información y cómo
puede ayudar a redimir la desgraciada situación a la que se enfrenta la
humanidad.
Siempre
poderoso en las cuestiones humanas, el amor solo no ha estado a la altura de
la ocasión en esta tarea redentora. Asociado con la información, el amor,
creo, es aún la respuesta.
El
amor es la respuesta.
Claude
Steiner
Berkeley,
2009
ÍNDICE
Prólogo
Prefacio
y Reconocimientos
Introducción
Primera
Parte
Quo
Vadis AT? Las Políticas del Corazón
Primera Parte. Introducción
1. El Análisis Transaccional en el Siglo XXI
Yo
estoy bien / tú estás bien · La aversión de Berne por la política · La
política personal de Berne · El análisis transaccional y el avance de la
democracia · Psicolo-gía de la liberación · ¿Cuáles son las premisas de
la psicología de la liberación?
2.
La Invención del Corazón Humano
Los
memes y el cerebro · La anatomía del amor: El cerebro triuno · El cerebro
reptiliano · El cerebro límbico · El neocórtex · Estados del yo · El
funcionamiento del cerebro triuno · Visisón desde el análisis transaccional
· ¿Por qué tres estados del yo? · ¿Qué tiene que ver el amor con esto?
· El campo de batalla del amor en la adolescencia · La evolución del amor
· Los enemigos del amor
3. Amor, la Economía de Caricias y el Padre Critico
El
cuento de los Peluches Cálidos · La economía de las caricias. Definición
· La economía de las caricias. Historia · La ciudad de las caricias ·
Resonancia límbica · El Padre Crítico · El Padre Crítico al descubierto
· Encantado de conocerle, es-pero que acierte mi nombre · Mientras, en el
corral de los que están bien · Abrien-do el corazón (teoría) · Abriendo
el corazón (la puesta en práctica)
4. La relación del Amor con el Poder
Definición
de poder · La importancia política del poder · El abuso de poder en las
relaciones humanas · Juegos de poder · Poder y Amor; la creación de la
escasez · La escasez de poder; la impotencia · El Control fuera de control
vs. El Carisma
Primera Parte. Conclusión
Segunda
Parte
La
Teoría
Segunda Parte. Introducción: Metáfora, Método, Ciencia
5. Juegos y Guiones
Los
juegos en que participamos para conseguir amor · Los guiones que las personas
viven para darle sentido a sus vidas
6. Introducción a las Emociones
Breve
historia del analfabetismo emocional · ¡No te puedo hacer sentir, no me pue-des
hacer sentir! · “¡Eres simplemente un paranoico!” · Inspeccionando el
paisaje emocional · Educación emocional y análisis transaccional
7. Análisis Transaccional Centrado en el Corazón
Premisas
básicas · I. Propósito y función del análisis transaccional · II.
Transac-ciones y caricias · III. Poder: uso y abuso · IV. Juegos y guiones
· V. Estados del yo · VI. El Padre Crítico: del patriarcado a la democracia
· VII. La práctica del análisis transaccional: El Corazón del Asunto
8.
Siete Fuentes de Poder Centrado en el Corazón; Mayor Nivel de
Perfeccionamiento
Equilibrio
· Pasión · Control · Amor · Comunicación · Información ·
Trascen-dencia
Segunda Parte. Conclusión
Tercera
Parte
La
Práctica
Tercera Parte. Introducción
9. El Contrato
Estudio
de caso de un contrato · Mutuo consentimiento informado · Probemos de nuevo
· Compensación · Un poco de ayuda de nuestros amigos · Contrato de
coope-ración · Sin mentiras
10. Permiso, Protección, Potencia y el Padre Crítico
Permiso
· Protección · Potencia
11. Desactivando el Padre Crítico
El
ejercicio del Padre Crítico
12.
Entrenamiento en Educación Emocional: La aplicación del Análisis
Transaccional a las Emociones
Teoría
de la Educación Emocional · Una escala de conciencia emocional · La ex-periencia
fundamental · La barrera verbal · Diferenciación · Causalidad · Empa-tía
· Interactividad · ??? · Sensaciones físicas · Adormecimiento · Educación
emo-cional y análisis transaccional · Educación emocional en el mundo real
13. El Análisis Transaccional en la Era de la Información
Presiones
sobre el cerebro · Introducir información · ¿Cómo cambian las personas?
· La información como motor principal · Hambre de información · Información
y análisis transaccional; hambre de caricias · Los mensajes de guión como
informa-ción · Mentiras e información · La información en la era de la
información · El análisis transaccional como una psiquiatría y psicología
de la información
Tercera Parte. Conclusión
Resumen: Notas para Psicoterapeutas
Últimas Palabras
Bibliografía